lunes, 16 de junio de 2014





"Pedro y el hilo mágico"







Pedro era un niño muy vivaracho e incapaz de vivir el momento. Cuando estaba en el colegio soñaba con estar fuera, cuando jugaba pensaba con las vacaciones. Pedro estaba todo el día soñando sin tomarse el tiempo  para saborear los momentos especiales de la vida. Una mañana Pedro paseaba por el bosque y se encontró con una anciana debía tener cien años, en la mano tenía un pelota mágica le colgaba un hilo de oro.
La anciana le dijo: "Pedro este es el hilo de tu vida si tiras de él, un día pasará en cuestión de segundos y si tiras con fuerza pasaran meses e incluso años."
Pedro excitado por el descubrimiento tiró del hilo dorado y se encontró siendo un adolescente, tenía una bonita amiga. No había aprendido a disfrutar el presente y su maravillosa vida cuando volvió a tirar nuevamente del hilo, mucho años pasaron en un instante, se había transformado en un adulto y estaba rodeado de hijos. Su madre a la que tanto quería era una anciana frágil. Pero  seguía sin poder vivir el momento,  de modo que una vez más tiró del hilo mágico Pedro comprobó que era un anciano, que su esposa  había muerto y sus hijos habían iniciado una vida lejos de su casa. Por primera vez Pedro comprendió que no había sabido disfrutar de las maravillas de la vida.  No había jugado con sus hijos, no les había visto crecer  Había pasado por la vida  a toda prisa, sin pararse a ver lo bueno que había en el camino. Pedro se puso muy triste y decidió ir al bosque para aclarar sus ideas alzó los ojos y vio a la anciana que años atrás le había regalado la pelota mágica."¿has disfrutado de mi regalo?, preguntó ella. Pedro vacilo "al principio fue divertido pero hoy me siento vacío. Me he perdido el don de la vida". La anciana vaciló un momento y le dijo: Te concederé un único deseo. Pedro le respondió: "Quisiera  a ser un niño". Dicho esto Pedro volvió a ser un niño de nuevo.
Por desgracia la historia de Pedro y el hilo dorado es solo un cuento. En el mundo real no tenemos una segunda oportunidad. Hoy es tu oportunidad de despertar a ese regalo que es la vida. deléitate de los momentos especiales.

No sacrifiques el presente por correr hacia el futuro

domingo, 15 de junio de 2014

EL JUEZ Y LA ZORRA 
          
   

 Como algunos de vosotros sabréis a estas alturas, el que fue juez de la Audiencia Nacional  el juez Juan del Olmo ha dictado una sentencia en la que afirma que llamar "zorra" a una mujer no es delito ni falta ni nada porque quien usa ese adjetivo en realidad quiere decir que dicha mujer es astuta y sagaz. He aquí el escrito que le ha remitido una ciudadana……

                   
 "Estimado juez Del Olmo: Espero que al recibo de la presente esté usted bien de salud y con las neuronas en perfecto estado de alerta como es habitual en Su Señoría…

                    … El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela Felicitas y que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los hechos:

                    Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en el garaje con un sujeto bastante cafre que goza de una merecida impopularidad entre la comunidad de vecinos. Animada por la última sentencia de su cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la palabra como vehículo para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de nuestra querida lengua española, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha saludado con un jovial "que te den, cabrito".

                    Como una hidra, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de la tía abuela lo decía en el sentido de alabar sus grandes dotes como trepador de riscos, y que en estas épocas de recortes a espuertas, desear a alguien que le den algo es la expresión de un deseo de buena voluntad. El sujeto, entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos vocablos, que no sé si eran insultos o piropos porque no ha especificado a cuál de sus múltiples acepciones se refería, y ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y a los de la tía abuela, que le despedía señalando hacia arriba con el dedo corazón de su mano derecha con la evidente intención de saber hacia dónde soplaba el viento.

                    Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está intentando colocar esa hiena -en el sentido de que es un hombre de sonrisa fácil- llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención de destacar que es hombre tozudo, a la par que trabajador- de   mi vecino lo de que las palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera mano esa magnífica sentencia suya en la que determina que llamar zorra a una mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de mujer astuta.

                    Sé que es usted un porcino -dicho con el ánimo de remarcar que todo en su señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo que esté de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él -dicho en el sentido de que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca - entren por el aro y comprendan que basta un poco de buena voluntad, como la de mi tía abuela Felicitas, para transformar las agrias discusiones a gritos en educados intercambios de descripciones, tal y como determina usted en su sentencia, convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable.

                    Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atentamente, una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus pies y a los de su señora), salude a las zorras de su esposa y madre.